Satsanga

Preliminar

 

Copilado y Corregido por:

Mahatma Brahmachary Krishananda

 

Tres cosas son notorias en este mundo, sus nombres son: Dios, los seres conscientes y los objetos materiales. Las cosas que no tienen poder de volición son materiales. La tierra, las piedras, el fuego, el aire, el cielo, la casa, la madera, el maíz, la ropa, el cuerpo, etc., no poseen volición alguna (deseo) y por ello les llamamos materia. Las bestias, los pájaros, los gusanos e insectos son conscientes, tienen el poder de razonar y volición. Ningún otro ser consciente tiene el poder de razonar como el hombre. Es por esta razón que el hombre es llamado por algunos como el señor de todas las cosas animadas e inanimadas (Bh.XI.9.28.). Dios es el Creador de todas las cosas animadas e inanimadas. Y debido a que Él no posee un cuerpo material, no le podemos ver. Él es el Ser Pleno y Perfecto con Conciencia Pura. Él es nuestro Creador, Sustentador y Controlador (Bh.XI.3.36). Podremos obtener nuestro bienestar si Él así lo desea y de la misma manera podremos encontrarnos con el desastre si es Su Voluntad. Él Supremamente Reina por siempre en Vaikuntha (la región que se encuentra más allá del mundo y del cielo). Él es el Señor de entre todos los señores, y el funcionamiento del universo se lleva a cabo de acuerdo a Su Voluntad.

Dios no tiene una apariencia burda como la que tienen los cuerpos materiales. Es por esta razón que no podemos percibir Su presencia con nuestros sentidos, y es por esta misma razón que los Vedas le llaman sin figura. Todas y cada una de las cosas poseen su naturaleza esencial, así mismo Dios posee la Suya (Brahmasamhita V.32). Tal naturaleza de cada objeto concreto es material y la de los seres con conciencia es así mismo consciente. Aun cuando somos seres conscientes estamos provistos de cuerpos materiales y nuestra naturaleza consciente permanece escondida bajo la cubierta de nuestra naturaleza material. Mas Dios es Conciencia Pura y por ello no tiene otra naturaleza que Su Naturaleza Consciente. Tal Naturaleza Consciente de Él es Su Figura, la Cual podemos ver únicamente con nuestros ojos conscientes, es decir, los ojos de la devoción (Br.S.V.38.) y no con nuestros ojos materiales.

Algunos hombres desafortunados no creen en Dios; sus ojos conscientes están completamente cerrados. Al no poder contemplar la Figura de Dios con sus ojos materiales, ellos concluyen que no existe alguien llamado Dios. Así como los hombres que nacen ciegos no pueden percibir la luz del sol, así mismo son los ateos que no pueden creer en Dios (Gita XVI.7-8). Naturalmente cada hombre cree en Dios; únicamente aquéllos que aprenden los altercados fuera de lugar, a causa de la moda tonta y las malas compañías, gradualmente caen bajo el control del los malos prejuicios y no reconocen la existencia de Dios. Son ellos los que se convierten en perdedores pues qué daño se le puede hacer a Dios por su falta de fe.

No deberíamos tener la concepción de un lugar material cuando hablamos acerca de la región Vaikuntha. Los lugares como Madras, Bombay, Kachemira, Calcutta, Londres, Paris, etc., son materiales (terrestres). Para trasladarnos ahí tenemos que pasar por numerosos lugares y regiones. Además, hay que esperar mucho tiempo para llegar hasta ellos por medio de aviones y trenes; y tenemos que también mover nuestros cuerpos materiales para este propósito. Pero Vaikuntha no es una región parecida a ésta, sino que se encuentra más allá del mundo material (Brahma Samhita V.56.). Esta es chit (consciente, no material), eterna (nunca cambiante) y perfecta. La cual no puede ser vista con los ojos que poseemos, ni puede ser pensada con nuestra mente.

Existen cuatro razones por las cuales los hombres en diferentes condiciones de vida tratan de asegurar complacer a Dios, éstas son debido al miedo, al abrigar esperanza, por el sentido del deber y con apego (Bh.VII. 6. 25-26). Ellos adoran a Dios por la estimulación del miedo, ya sea por el temor del infierno, a falta de dinero, por enfermedad y debido al miedo a morir. Los que Le sirven bajo el impulso de la esperanza material, lo llevan a cabo con oraciones para obtener placeres mundanos y de esta manera aliviar las condiciones de su vida mundana. Pero existe una gran cantidad de bienaventuranza pura en el servicio a Dios, que muchos, aun cuando al comienzo se empeñan en éste a través del temor y de la esperanza material, más tarde los abandonan y se atraen a la devoción pura. Existen otros que adoran al Creador con un sentido de gratitud; ellos se empeñan debido al apego. La predilección por la cual la mente corre hacia algún objeto tan pronto lo ve, antes de hacer alguna deliberación, es llamado apego. La persona en cuya mente tal predilección surge tan pronto él medita en Dios, Le sirve bajo la influencia del apego. El servicio a Dios no es tan puro en el caso de aquéllos que se empeñan en tal servicio bajo la influencia del temor, la esperanza y el sentido del deber (Bh. VIII. 1. 31.). Son verdaderos sirvientes devotos, quienes se empeñan en el servicio a Dios siguiendo el sendero de la devoción pura.

En tal Morada Trascendental habita el Señor Supremo. Si podemos servir tratando de darle satisfacción, quizá podamos ser llevados eternamente a ese Mundo Divino y ser favorecidos con Su servicio Bienaventurado. En este mundo terrenal lo que experimentamos como felicidad no es permanente sino que es muy efímero, pudiéndosele comparar con burbujas de agua. Hablando con la verdad, todo en la tierra está lleno de dolor. El mismo hecho de nacer es un suceso de gran sufrimiento. Después de éste, tenemos que trabajar para alimentarnos y sostener el cuerpo, lo cual también nos acarrea sufrimientos. Aunado a esto, el cuerpo en sí mismo es un depósito de todo tipo de enfermedades. Las estaciones del año, como el invierno, el verano, etc., nos afectan y cuando tratamos de protegernos de ellas tenemos que llevar a cabo, hasta cierto punto, trabajos físicos, al tener que ganar riqueza con grandes esfuerzos. Tenemos que construir nuestras casas con problemas. La vida de casado es sin dudas aparentemente feliz y esperanzadora, pero cuando los niños nacen, tenemos que enfrentar problema tras problema. Así mismo cuando la vejez llega todo se vuelve vacío. No sin mencionar que al vivir con otros siempre habrá peleas; cuando consideramos todo esto encontramos prácticamente que no existe una verdadera felicidad en el Samsara (nacimiento y muerte repetidos). Pero en la tierra se considera como felicidad a la obtención del alivio temporal de los sufrimientos y las lamentaciones. Por lo tanto, es un hecho que la vida en el Samsara está llena de problemas, mientras que si podemos alcanzar la Morada del Señor Supremo Vaikuntha Dhâma, ahí no encontraremos ni sukha (felicidad material)ni dukha (aflicciones) mundanos. Ya que ahí se disfruta una Bienaventuranza Eterna e Interminable. Por lo tanto es un deber ineludible de cada uno de nosotros el servir al Señor.

Desde el mismo día en que obtenemos el Conocimiento de la Verdad, debemos mirar hacia adelante buscando el servicio del Señor Supremo, lo cual es el verdadero propósito de la vida. Mas en general nuestra mentalidad nos dicta lo siguiente: disfrutemos del mundo y cuando lleguemos a la vejez nos dedicaremos a servir al Señor Supremo. Pero, ¡qué sorpresa!, nos perdemos el verdadero Objeto de nuestra vida. El tiempo es muy precioso; por lo tanto, el día en que obtenemos el conocimiento de la Verdad, desde ese momento nos debemos empeñar en obtener el Objeto deseado, debido a que la obtención de un nacimiento humano es algo muy pero muy raro y a la vez siempre existe la incertidumbre de que en cualquier momento sobrevenga la muerte.

No se debe pensar que durante la época de la infancia uno no puede servir al Señor. Ya que la historia nos muestra que tanto Druva y Prahlada adoraron al Señor desde su misma niñez y se entrevistaron con Él en persona, bendiciéndose con ello. Si ellos pudieron llevar a cabo esto, ¿por qué no será posible que otros lo realicen? No debe quedar ninguna duda al respecto. Es un hecho que lo que practicamos en nuestra infancia se convierte en algo natural durante nuestra vida.

Existe una relación muy profunda entre la jiva y Dios; y es notoria al surgir el amor-apego. Aun cuando tal relación es eterna, permanece oculta en las jivas atadas a la materia; mas siempre que encuentra una oportunidad se revela a sí misma. De la misma manera en que el fuego se produce cuando una cerilla es frotada o el pedernal es golpeado por el acero, así también a través del sâdhana (práctica de los medios apropiados), tal relación latente se vuelve patente. Mientras que por ofrecerle servicio a Dios a través del miedo, la esperanza y el sentido del deber, muchos han hecho surgir esa relación en ellos. Druva primero sirvió a Dios con la esperanza de obtener un reino, pero cuando a través de la práctica, se despertó en él el amor-apego debido a la sagrada relación, él ya no quiso aceptar el don para el disfrute terrenal.

Sin embargo, el temor y la esperanza son despreciables. Cuando los sentidos del practicante se mejoran, él abandona el temor y la esperanza, y entonces el sentido del deber se convierte en su único fundamento. El practicante no abandona tal sentido del deber hasta que en él, no se despierta el amor-apego por Dios. Basado en el sentido del deber se genera la confirmación de los mandatos mencionados en las escrituras y el rechazo de lo prohibido. Los procedimientos para servir a Dios que los grandes sabios de antaño registraron en las escrituras después de una minuciosa deliberación son conocidos como requisitos o mandatos (Ch. Ch. II. 22. 105-106). El honor de las reglas escriturales y los mandatos, nace de ejercitar el poder respecto al sentido del deber.

Tras considerar cuidadosamente los registros históricos de la gente perteneciente a diferentes naciones y diversas islas del mundo, es muy evidente que la fe en Dios es una naturaleza común del hombre. Las tribus salvajes un tanto civilizadas de entre los hombres, viven de la carne de los animales como las bestias; y acostumbran adorar con salutaciones, al sol, a la luna, a las grandes montañas y ríos, y a los enormes árboles, con la creencia de que ellos son los dadores de lo necesario y sus controladores. ¿Cuál es la razón de esto? Los trazos de la naturaleza esencial de la conciencia en la jiva, en la forma de fe divina, aun cuando atada a la materia hasta cierto punto en grado extremo, son indudablemente notorios mientras su conciencia no haya sido cubierta (Bh. XI. 14. 3-3). Únicamente tras obtener el estado de civilización, es que alguien puede cultivar diversas clases de aprendizajes, aun cuando se cubra hasta cierta medida la fe con erróneos razonamientos y se abrigue en la mente, ya sea el ateísmo o alguna doctrina basada en la aniquilación como propone el monismo absoluto. Debemos darnos cuenta que tales creencias horribles son los síntomas de la condición poco saludable de una conciencia débil. Tres estados intermedios son notables en la vida humana; entre la completamente incivilizada y aquélla que posee una bella fe en Dios. Es en estos tres estados que la enfermedad del ateísmo, el escepticismo, el nihilismo, etc., se interponen en el camino del progreso gradual de la jiva y llevan a algunos hombres a posiciones muy incultas. Aquéllos que son atacados por tales enfermedades, permanecen confinados en esas condiciones y no pueden adquirir competencia para formas superiores de vida. No siempre es un hecho el que todos los hombres en tales estados serán atacados por las antes mencionadas enfermedades. Esta es la evolución natural del progreso dentro de la humanidad, el que las tribus salvajes incivilizadas, por medio de la civilización, la moralidad y la adaptación educacional, muy pronto adopten el varnâsrama-dharma (los deberes de las cuatro castas principales y las cuatro órdenes de vida prescritas) y por lo tanto alcancen la vida de devotos capaces de practicar la devoción a Dios. Sin embargo, cuando aparecen ahí obstáculos en la forma de las enfermedades arriba descritas, ello da lugar a una condición muy antinatural de la vida.

Los hombres que viven en diferentes naciones e islas han adquirido diferentes naturalezas. La naturaleza original humana es la misma en todos lados. Sus naturalezas secundarias son diferentes.

Aun cuando la principal naturaleza humana es la misma, no se podrá encontrar en el mundo a dos seres humanos, cuyas naturalezas secundarias sean completamente las mismas entre sí. ¿Cómo podrían hombres nacidos en diferentes naciones ser de la misma naturaleza, cuando dos hermanos de la misma madre son diferentes en apariencia y naturaleza y nunca iguales en todo respecto? Las aguas, las atmósferas los sistemas montañosos, las selvas, los productos materiales y los materiales para la manufactura de ropa son todas diferentes en las diversas naciones. Debido a esto, las estructuras corporales, las complexiones, las tradiciones y los comestibles de los hombres nacidos en ellos se han vuelto diferentes de acuerdo con la diferencia en sus naturalezas adquiridas, compatibles con los medios respectivos. Así mismo, las condiciones mentales, se vuelven similarmente diferentes en las naciones particulares. Y las inclinaciones por Dios como se incluyen en cada una, aun cuando en su mayoría parecidas, se vuelven diferentes junto con las diferencias en el idioma, la vestimenta, los comestibles, los temperamentos, etc. Cuando esto es considerado con un punto de vista imparcial acerca de los asuntos, no se produce daño alguno causado por estas diferencias secundarias. No existe nada erróneo al momento de la fructificación, si hay unidad respecto al objeto principal de adoración. Por lo tanto el Señor Srî Chaitanya Mahâprabhu nos ha dado la orden de adorar a Dios, Quien es esencialmente Sattva Puro (completamente libre de cualquier contacto material), y de no calumniar los sistemas de otros adoradores (Ch. Ch. II. 26-116).

Con base en los razonamientos antes planteados, las siguientes diferencias son notables en las diferentes religiones como son promulgadas por los hombres de las diferentes naciones, es decir, aquéllas respecto a

  1. los âchâryas o preceptores,
  2. las predilecciones mentales y los conceptos de los adoradores,
  3. los sistemas de adoración,
  4. los conceptos y las acciones convencionales concernientes al objeto de adoración, y
  5. los nombres y palabras de acuerdo a las diferencias lingüísticas.

En concordancia con la diferencia respecto a los preceptores, los rishis o sabios en algunas naciones como la nuestra, los profetas como mahoma en otras, las grandes almas como Jesús en otras y los numerosos eruditos de las variadas naciones, han sido los receptáculos de reverencias especiales y honor. Es un deber prestablecido para las personas de las naciones respectivas, el ofrecer una veneración adecuada a los âcharyâs de éstas. Pero no es apropiado el propagar insistentemente la superioridad controversial de las enseñanzas de los âcharyâs pertenecientes a la nación de uno mismo por encima de las demás naciones, aun cuando uno pueda o debiera abrigar tal creencia con el propósito de adquirir estabilidad en la fe particular. Ningún bien puede dársele al mundo a través de tales riñas.

Debido a las predilecciones mentales y conceptos de los respectivos adoradores, en algunas naciones la adoración es efectuada con los procesos de sentarse en asientos particulares, o adoptando posturas de las manos o de los dedos en posiciones especiales, o aguantando la respiración o exhalando en forma específica, etc., en algunas otras utilizan el proceso de mantener las vestimentas de la parte inferior desdobladas o en la parte posterior, o alternativamente; el pararse y postrarse en el suelo cinco veces diariamente, con el rostro vuelto hacia el templo principal de adoración de acuerdo a la fe particular; así mismo en otros países hay personas que se arrodillan con las manos juntas, ya sea en la casa o en lugares públicos de adoración, ofreciendo plegarias con humildad y exclamando alabanzas al Señor. En éstas, es notorio una variedad local especializada en cuanto a la vestimenta durante los momentos en que se adora, los alimentos, la conducta, la santidad, lo impío, etc. Si observamos los modos de adoración que prevalecen en las diferentes religiones, las diferencias entre sus sistemas serán notorias.

En las diferentes religiones, las diferencias son notables entre los conceptos y las acciones convencionales concernientes al objeto de adoración. Algunos al tener sus corazones llenos de devoción instalan Imágenes y Figuras de Dios en sus almas, mentes y en el mundo, y las adoran con su percepción interna pensando que Ellas son Él. En algunas religiones, los adoradores estando enamorados de los razonamientos más que otros, forman conceptos de Dios en sus mentes y los adoran, no admitiendo ninguna figura. Pero en realidad todas éstas son figuras de una u otra manera (Bh. XI. 21.9-12).

Debido a las diferencias en cuanto a lenguajes, algunos les dan nombres particulares a Dios y denominan a sus religiones también diferente, utilizando palabras distintas unas de las otras al momento de su adoración.

Con base a estas cinco diferencias, las diversas religiones del mundo han crecido muy desunidas unas de las otras. Esta separación, sin embargo, es más bien natural. Pero es muy impropio y dañino que ellas se encuentren peleando unas con otras con base en esta desunión. Cuando tengamos la oportunidad de encontrarnos presentes en el lugar de adoración de otros religiosos al momento de su adoración, debemos permanecer en ese sitio con un humor de respeto contemplando de la siguiente manera: «aquí se encuentran adorando a la Entidad Más Elevada y adorable (Dios en una forma diferente de la mía). Debido a mis prácticas de una clase diferente, no puedo entender plenamente este sistema suyo; pero al verlo, yo siento un apego mayor por mi propio sistema. La Entidad Más Elevada (es decir, Dios) no puede ser más que Uno. Yo me inclino con postraciones ante Su representación que veo aquí y le ofrezco mis plegarias a mi Señor, Quien ha adoptado esta forma diferente de representación, por la Cual está incrementando mi amor por Él en una forma aceptable para mí (véanse las oraciones de Srî Hanuman acerca del hecho de que Srî Ramachandra es su Señor exclusivo, aun cuando ontológicamente no exista diferencia entre Él y Srî Narayana).

Aquéllos que en lugar de comportarse de esta forma, utilizan la calumnia en contra de los diferentes sistemas con un espíritu de rivalidad, desprecio y propensión a la malicia se encuentran desprovistos de misericordia y cerebro. Ellos no abrigan amor por su propio objeto final de búsqueda sino por las riñas vanas y las contiendas.

Sin embargo, una sola cosa debe ser considerada en este contexto. Es verdad que calumniar a los diferentes procedimientos de adoración es inmisericorde, pero cuando las verdaderas faltas son notorias, ellas deben ser erradicadas de una forma apropiada. Es por esta razón que el Señor Srî Chaitanya Mahâprabhu debatió con los budistas, los jainos y los profesores de la doctrina basada en lo indiferenciado y por lo tanto les hizo adoptar el verdadero camino. La conducta del Señor es el ideal ante Sus devotos.

Las religiones en las cuales prevalecen los males como el ateísmo, el escepticismo, el materialismo, la no existencia del alma como en el epicurianismo, el panteísmo, el politeísmo y el monismo indiferenciado, no deben ser vistas como pertenecientes a los devotos de Dios. Sino por el contrario vistas como anti-religiosas, seudoreligiones y religiones falsas. Sus seguidores son verdaderamente desafortunados. Las jivas (almas) deben ser lo más posible protegidas en contra de estos males. El amor puro es la eterna virtud de las jivas. Sin importar qué tan notorias sean las cinco diferencias antes mencionadas, se debe considerar como una religión pura, aquélla en la cual el objetivo principal es alcanzar el amor puro por Dios. Es impropio el reñir por diferencias accidentales. Si la meta de una religión es el amor puro, entonces todas las otras circunstancias deben ser consideradas como apropiadas. Las doctrinas como el ateísmo, etc., que ya fueron mencionadas, son antinaturales y opuestas al amor.

El amor por Srî Krishna es considerado como puro e inmaculado (Bh. I. 1.4.7). Es la naturaleza del amor el que éste tenga su refugio en alguna entidad (âsraya) y acepte alguna otra entidad como su objeto (vishaya). El amor no puede existir en donde no hay âsraya y vishaya. El corazón de la jiva es el âsraya del amor. Y sólo Srî Krishna es el vishaya del amor. Cuando el amor puro inmaculado surge con plenitud, el carácter de la entidad adoradora culmina en Srî Krishna a través del medio del Brahman, Isvara y Narâyana. El néctar del Carácter de Srî Krishna ha sido tratado en el Srîmad Bhâgavatam, la joya cimera de todas las escrituras, es la verdad obtenida por el grandioso sabio Srî Vyasa Deva, en su samâdhi o profunda meditación con el control de sus sentidos y al confinar su mente en la contemplación de Dios. Tras ser aconsejado por Srî Nârada, el sabio celestial, Srî Vyâsa Deva obtuvo el innato bhakti samâdhi, por medio del cual él vió en éste la Plena Naturaleza de Srî Krishna, para posteriormente narrar el Carácter de Srî Krishna la Más Elevada Entidad, a través del cual debe generarse en las jivas el amor devocional por Él, cuya influencia desvanece todas sus aflicciones, distracciones y temores. Las jivas adquieren dos clases de concepciones de acuerdo a sus respectivas competencias, cuando ellas estudian y escuchan acerca del Carácter de Srî Krishna. Ellas son conocidas como vidvat-pratiti (la concepción a través del verdadero aprendizaje) y avidvat-pratiti (la concepción a través de lo que no es un verdadero aprendizaje). Incluso el Carácter de Srî Krishna que es visible para los ojos mundanos, durante Su presencia manifiesta en este mundo, da lugar al vidvat-pratiti dentro del círculo de los verdaderos hombres eruditos y avidvat-pratiti en los hombres de intelecto material. Aquéllos deseosos de entender plenamente estos dos términos deben acudir al Shat Sandharbha de Srîla Jiva Goswâmi, al Bhâgavatâmrita de Srîla Sanâtana Goswâmi y Srîla Rupa Goswâmi, o al Srî Krishna Samhita de un servidor. Para un estudio cuidadoso bajo la guía de maestros competentes. Es prácticamente imposible tratar con ellos aquí. Sin embargo, para resumir podemos mencionar que la concepción por medio del vidyâ shakti (el poder del verdadero aprendizaje) es el vidvat-pratiti y aquél que utiliza la ayuda del avidyâ es el avidvat-pratiti.

Todas las disputas que surgen son debidas al avidvat-pratiti acerca del Carácter de Srî Krishna, mientras que de parte del vidvat pratiti no surge ninguna (Bh. I. 3. 37-38). Aquellos deseosos por alcanzar la verdadera bienaventuranza espiritual deben inmediatamente adquirir el vidvat pratiti. ¿Cuál es la necesidad de incurrir en la pérdida del verdadero interés personal a través de las contiendas acerca del avidvat-pratiti?

Aquí nos dedicaremos a dar algunas direcciones respecto al vidvat-pratiti. El vidvat-pratiti es posible únicamente para aquéllos que pueden ir más allá de sus pensamientos acerca de la materia y están capacitados para concebir lo que es el chit, es decir lo consciente o supramaterial. Ellos ven la Belleza de Srî Krishna con sus ojos chit, también escuchan descripciones de Sus Pasatiempos con sus oídos chit, y Le saborean a Él de diversas maneras a través de su chit-rasa (la facultad supramaterial de saborear). Todas las actividades de Srî Krishna son aprâkrita (trascendentales) y más allá de los límites materiales. Sin embargo, Srî Krishna puede ser el Objeto de la visión a través de los ojos materiales, por medio de Su potencia inescrutable; pero naturalmente los ojos materiales y otros órganos de los sentidos no pueden percibirle a Él dentro de su campo de acción. Así mismo, las actividades deportivas de Dios que llegan a estar al alcance de los órganos de los sentidos durante el periodo de Su estancia en este mundo, no pueden dar el fruto de la visión, etc., de Dios, a menos que el observador haya obtenido el vidvat pratiti. Pero es un hecho que por lo general únicamente el advidvat-pratiti está disponible. Muchos creen saber con base a su avidvat pratiti, acerca de la Entidad de Krishna como si fuera una entidad no eterna, y así, ellos imaginan que Cuerpo de Srî Krishna está sujeto al nacimiento, el crecimiento, el decaímiento, etc. Debido a su avidvat-pratiti es que el estado de nirvisesha (indiferenciado) aparece como verdadero y el estado de savisesha (distinto), como material o mundano. Con base en esto, ellos piensan que al haber diferencias en la Entidad de Krishna, éstas también por decisión son mundanas. No es la función de la facultad de la razón el indagar lo que es en realidad la Más Elevada Entidad. ¿Puede el poder humano de la razón, el cual es limitado, funcionar con respecto a la Entidad Ilimitada? Como consecuencia, la Más Elevada Entidad puede ser conocida y realizada (saboreada) únicamente a través de la facultad del bhakti (la devoción) que se encuentra latente en las jivas. Lo que denominamos como nirmala prema (amor puro inmaculado) es conocido en su estado primario con el nombre de bhakti. El vidvat pratiti no surge sin la gracia de Srî Krishna, y es a través de Su Gracia que el vidyâ-shakti se convierte en el auxiliador de las jivas.

De entre todos los conceptos acerca de la Más Elevada Entidad, los cuales prevalecen en el mundo, aquél que aborda la Naturaleza de Srî Krishna es el único adecuado para el vimala prema. El concepto acerca de Alá que se encuentra en las escrituras musulmanas no es adecuado para la aplicación del vimala prema. Incluso Su más querido amigo, el Payagambara (Profeta) no está capacitado a encontrarse con Su Naturaleza, aun cuando la Entidad Adorable se encuentra dispuesta a ser amigable, Se mantiene a distancia de Su adorador con Su Majestuosidad. Dios, como es concebido en la religión cristiana, también se mantiene muy alejado de Su adorador, qué decir del Brahman. Srî Nârayana, también no es accesible al libre amor de las jivas. El único Objeto directo del vimala prema (ver el Bhakti-Rasâmrita Sindhu I. 1-11) se encuentra eternamente presente en Vraja (Vrindavana, etc.) de naturaleza chit (trascendental).

El Dhâma (la región) de Srî Krishna está repleto de bienaventuranza. Aun cuando en ese lugar existe la majestuosidad hasta su grado máximo, no tiene ahí predominio. Todo en ese lugar se encuentra en la esencia misma de su naturaleza, pleno de dulzura y eterna bienaventuranza. La riqueza de ahí consiste en frutas, flores y ramitas. El ganado bovino son los únicos ciudadanos; los vaqueritos son los amigos, las vaqueritas son las asociadas; la comida consiste en leche, mantequilla y requesón. Todos los bosques y semi-bosques se encuentran saturados de amor por Krishna. El río Yamunâ está empeñado en el servicio de Krishna y toda la naturaleza le sirve a Él. La Entidad que es el receptáculo de la adoración como Param-Brahman en todo lugar, es la única riqueza de la vida en tal región, al ser en ocasiones como igual con el adorador, y otras incluso colocándose en una posición inferior al de éste. Si no sucediera esto así, ¿podría la jiva insignificante tener una relación de amor con la Más Elevada Entidad? Él es altamente deportivo, el Amo con una Voluntad propia y ansiosamente dispuesto por obtener el vimala prema de la jiva. ¿Es pues válido considerar que Él, Quien es el Señor de la Naturaleza esté ansioso por obtener la adoración de los hombres u obtener placer al satisfacerse con su adoración? Así es, Srî Krishna, Quien es la Fuente Original del más exquisito y excelente sabor de la dulzura en Sus Pasatiempos, obtiene Él mismo bienaventuranza en el Vrindavan Trascendental, al admitir Su propia igualdad e inferioridad respecto con las jivas que son el receptáculo de tal dulce sabor, al mantener Sus Majestuosidades ocultas bajo Su encantadora y dulce afabilidad. ¿Pueden aquéllos que se han dado cuenta de que el amor puro e inmaculado en toda su plenitud es el único objeto de su vida, tener a otro que no sea Srî Krishna, como el vishaya de ese amor? Aun cuando debido a las diferencias lingüisticas los términos Srî Krishna, Vrindâvan, gopa, gopi, Yamunâ, kaudamva salumva, etc., no se utilizan en otras partes, sin embargo, deberá ser admitido en algunos lugares estos términos para los respectivos nombres, regiones y objetos necesarios, utilizados por los culturistas del amor puro para denotarles. Como tal, no existe otro vishaya para el amor puro que Srî Krishna.

Durante el tiempo en que el râga puro o inclinación con apego, no haya surgido, el practicante basándose en el sentido del deber, debe dedicarse a Srî Krishna (Bh. VII. 7. 48. 53.) tras haber adoptado los vidhis tanto principales como secundarios (es decir, la observación de mandatos y prohibiciones como lo ordenan los shâstras). Si consideramos esto con una profunda deliberación, vemos que sólo existen dos formas para cultivar el amor por Srî Krishna, esto es, el vidhi y el râga. El râga es excepcional de obtener, y cuando éste surge, el vidhi ya no se adhiere al culturista. Es el deber principal del hombre, ser guiado por el vidhi hasta que el râga se genera. Y por esta razón existe la mención acerca de dos caminos en los Shâstras, es decir, el camino del vidhi y el camino del râga. El camino del râga es muy auto-dependiente; por lo tanto no existen reglas para él. Es únicamente para los muy afortunados y personas altamente competentes, quienes pueden caminar por este camino. Con base en esto, únicamente las reglas del camino del vidhi se han registrado sistemáticamente.

Incluso aquéllos que desafortunadamente niegan a Dios, formulan algunos vidhis o reglas para la administración de los medios de subsistencia y preservación de la vida. Tales vidhis son llamados moralidad o reglas morales. La moralidad en la cual no se establece ningún sistema para meditar en Dios, aun cuando en otros aspectos sea muy atractiva, no es adecuada para el propósito dirigido a hacer que la vida humana sea fructífera y eficaz. Esta moralidad es una moralidad apartada y con fines externos. Tal moralidad, puede ser aceptada como el vidhi para la vida humana, cuando es acompañada con sistemas para promover la fe en Dios y llevar a cabo deberes para Él.

Los Vidhis son de dos clases: el mukhya (principal o primario) y el gauna (subordinado o secundario). Puesto que el querer complacer a Dios es el único objeto de nuestra existencia, el vidhi que directamente (sin ninguna intervención) apunta hacia esto es llamado mukhya vidhi. Y el vidhi con el mismo objetivo pero a través de algunas intervenciones es denominado como gauna. El asunto se aclarará con un ejemplo. El bañarse por la mañana es un vidhi. La mente se torna calmada cuando el cuerpo se enfría y se ve libre de enfermedades con el baño matutino. Y la adoración de Dios es posible cuando la mente está calmada. En este caso, la adoración a Dios, la cual es el objetivo de la vida, no está desprovista de intervención alguna; debido a que el efecto directo (sin intervenir) del baño es el enfriamiento del cuerpo. Si el fruto final de este vidhi es aceptado con el propósito de enfriar el cuerpo, entonces la adoración a Dios no es obtenida como el fruto de éste. Cuando se da el caso que entre el fruto de la adoración a Dios y el baño considerado como vidhi, existen otros frutos, a éstos se les considera como factores que intervienen; y en el momento que hay intervenciones, existe toda la posibilidad de obstáculos.

El fruto directo del mukhya vidhi es el upâsana (adoración) de Dios (Bh. III. 23.56.). No existen frutos intermedios entre el vidhi y el upâsana. El cantar de los Nombres de Hari junto con alabanzas o el escucharlas, se le puede llamar mukhya vidhi, debido a que en ellas el fruto directo del vidhi es el upâsana de Dios. Sin embargo, si los gauna-vidhis no son adoptados, aun cuando siempre esté presente en la mente el Hari-bhakti, éste no se desarrollará adecuadamente, ya que las características normales del gauna-vidhi es que promete capacitar al alma humana para que beba del néctar de los Pies de Dios sin ninguna pretención, incluyendo dentro de sí misma a toda la educación secular, el arte, la industria, la civilización, el orden metódico, la perseverancia y las reglas físicas, mentales y sociales de la moralidad. En realidad, por seguirse el mukhya vidhi acompañada de gracia, basta para hacer que la vida humana se llene de gran bienaventuranza debido al néctar de los Pies de Dios, en ambos casos, es decir, tanto en la etapa de práctica como en el momento de la fructificación.

Existen diferentes categorías dentro de las vidas humanas.

Como :

  1. las de aquéllos que viven en los bosques,
  2. los que viven en la sociedad,
  3. los que viven entre comodidades producto de la ciencia,
  4. aquéllos que son idealistas pero ateos,
  5. aquéllos que son realistas y poseen fe en Dios,
  6. los que llevan una vida de devoción al seguir estrictamente los mandatos de los Shâstras y
  7. aquéllos que son devotos Prêmika o devotos místicos de Dios.

    Es un hecho que cualquiera, aun cuando nacido como un ser humano si no posee fe en Dios, no es considerado como un verdadero ser humano en el verdadero sentido del término. Una persona sin una fe genuina en Dios, aun cuando esté muy cultivada en otros aspectos y sin importar que utilice todas las comodidades que ha producido la ciencia o sea un gran idealista, en realidad no es muy superior a un animal, debido a que no puede controlar sus propensiones animales. Un ser humano debe seguir una vida teniendo una genuina fe en Dios y siguiendo los dictados de los Shâstras. Por eso es que en este libro hemos comenzado la narración a partir de la vida de un ser humano que cree en Dios y de acuerdo a ello lleva una vida en seguimiento de los Shâstras. Lo que nosotros entendemos como cultura, es la vida de un creyente de Dios y desde esa posición le damos una valorización a las comodidades producto de la ciencia y a los puntos de vista idealísticos. Cuando tal vida es llevada por último a la devoción pura por el Señor Supremo, se situará dentro del más elevado prospecto de la vida –estos son los asuntos que trataremos en este libro–. La misma existencia de un ser humano debe ser dotada espiritualmente. La esencia y característica de la vida es el dharma. Y tal dharma es categóricamente dividido en dos, es decir, principal y secundario. Dondequiera que el alma es iluminada y dotada con bienaventuranza divina, y si de acuerdo a la sabiduría intuitiva una persona sigue una vida de devoción a esto se le llama verdadera religión o Jaiva Dharma (religión del alma). La religión secundaria no es mas que la religión en donde aún se encuentra la influencia de las cualidades triples de Mâya. Cuando alguien las trasciende, sólo entonces cultiva el Jaiva Dharma o la religión del alma. Dentro de la religión secundaria se debe saber lo que es el punya (actividades piadosas) y lo que es el pâpa (actividades pecaminosas). Mientras que cuando el amor gobierna el corazón del devoto, éste nunca puede cometer un pecado ni aspirar tras alguna virtud, sino que él únicamente brinda servicio puro a Srî Bhagavan.

Por ello, en la primera etapa discutiremos acerca de la religión secundaria y por último abordaremos el Prema-Bhakti.

En este Satsanga inicial acerca de la divinidad hemos utilizado en primera instancia la palabra Iswara, luego la de Bhagavan y por último la de Krishna.

Los estudiantes  no deben pensar que el término Iswara es diferente del de Bhagavan y Éste del de Krishna y así sucesivamente. Srî Krishna es la Única Realidad y el Verdadero Objeto de adoración para todas las almas libres. Srî Krishna es la Manifestación final de la Realidad Suprema, Quien es el Señor de la Beatitud. Cuando en general Srî Krishna es tomado como la Realidad, nosotros preferimos utilizar la palabra Iswara. En este capítulo en particular estamos hablando acerca de la creación, así que utilizamos la palabra Iswara en lugar de la de Krishna y queremos denotar que Iswara es el Supremo Controlador. No solamente eso, dondequiera que se discuten los asuntos espirituales por lo regular se utilizan estos tres términos, es decir, Chit, Achit e Iswara.

Nityananda !!!   Gauranga !!!  Hare Krishna !!!

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